Asociación Española de Fabricantes de Mobiliario Urbano y Parques Infantiles

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Parques para todas las edades: cómo diseñar espacios públicos realmente intergeneracionales

Cuando pensamos en un parque, es habitual imaginar inmediatamente una zona de juegos infantiles. Sin embargo, basta observar cómo se utiliza cualquier espacio público para comprobar que alrededor del juego conviven muchos más usuarios: familias, adolescentes, personas mayores, deportistas, acompañantes y vecinos.

El reto ya no consiste únicamente en disponer diferentes equipamientos dentro de una misma parcela. Consiste en conseguir que personas con edades, capacidades y necesidades distintas puedan utilizar y compartir el espacio de manera cómoda, segura y natural.

Los parques intergeneracionales responden precisamente a esa visión: crear lugares donde jugar, hacer ejercicio, descansar, pasear y relacionarse formen parte de un mismo proyecto urbano.

¿Qué es un parque intergeneracional?

Un parque intergeneracional es un espacio público concebido para ofrecer posibilidades de uso a personas de diferentes edades y favorecer su convivencia.

Puede integrar parques infantiles, zonas de ejercicio, áreas de estancia, recorridos accesibles, vegetación y mobiliario urbano, pero su valor no depende únicamente de acumular equipamientos.

La clave está en cómo se relacionan esos elementos entre sí.

AFAMOUR señala en su Guía de Buenas Prácticas que, al proyectar zonas de juego infantil o espacios públicos de ocio y entrenamiento, es necesario considerar el resultado desde la perspectiva de sus usuarios. La propia asociación recuerda que estos espacios deben atender tanto a la infancia como a otras personas que utilizan las áreas deportivas o de estancia.

Por tanto, diseñar para distintas generaciones implica pasar de una suma de zonas independientes a una planificación conjunta del espacio.

Diseñar pensando en usos, no solamente en edades

Un niño puede querer jugar. Un adolescente, reunirse o practicar deporte. Una persona adulta puede acompañar, conversar o entrenar. Una persona mayor puede pasear, descansar o utilizar determinados aparatos de ejercicio.

Un parque intergeneracional debe permitir que estas actividades sucedan sin obligar a todos sus usuarios a hacer lo mismo.

Juego, deporte y descanso pueden convivir

Una estrategia útil consiste en generar diferentes niveles de actividad.

Las áreas infantiles pueden relacionarse visualmente con bancos y zonas de estancia para facilitar el acompañamiento. El equipamiento deportivo puede situarse suficientemente próximo para formar parte del conjunto, pero evitando interferencias con el juego. Los espacios más tranquilos pueden ofrecer descanso, conversación o contemplación.

No se trata de separar radicalmente cada actividad, sino de crear relaciones adecuadas entre ellas.

El acompañante también es usuario del parque

Este aspecto se olvida con frecuencia.

Mientras un niño juega, una madre, un padre, un abuelo u otro acompañante puede permanecer allí durante bastante tiempo. Por ello, la calidad de un área infantil también depende de lo que ocurre alrededor.

Disponer de bancos bien situados, visibilidad hacia las zonas de juego, recorridos cómodos, vegetación y espacios de estancia hace que el conjunto funcione mejor.

Un parque que solo piensa en quien utiliza directamente el equipamiento deja fuera una parte importante de la experiencia cotidiana.

No olvidar a adolescentes y personas mayores

Entre el parque infantil y la zona deportiva convencional existe un amplio abanico de necesidades.

Adolescentes y jóvenes pueden encontrar interés en espacios de encuentro, calistenia, skate, circuitos deportivos u otras actividades. Las personas mayores pueden beneficiarse de zonas de paseo, descanso y ejercicio adaptado.

MyParque, por ejemplo, señala el potencial de actividades como la petanca para reunir a distintas generaciones y complementar las áreas recreativas.

La cuestión no es incorporar obligatoriamente un determinado elemento, sino estudiar qué necesita realmente la población que utilizará el espacio.

Zona de juegos infantiles en un centro comercial con estructuras de madera, redes de trepa, puentes y toboganes para el ocio de los niños.

La accesibilidad debe conectar todo el conjunto

Un espacio no es verdaderamente intergeneracional si determinadas personas pueden llegar hasta el parque pero no utilizarlo con autonomía.

La accesibilidad universal debe contemplarse desde una visión global: accesos, recorridos, pavimentos, mobiliario, zonas de estancia y posibilidades reales de participación.

AFAMOUR defiende precisamente el Diseño Universal como una forma de crear entornos utilizables por todas las personas y evitar que determinados usuarios queden excluidos por sus capacidades o necesidades.

Errores que conviene evitar

Uno de los principales es convertir el concepto intergeneracional en una simple suma de equipamientos: columpios + aparatos biosaludables + bancos.

También conviene evitar zonas completamente desconectadas, recorridos poco intuitivos, falta de lugares para descansar o diseños que concentran toda la atención en una única franja de edad.

Y, como en cualquier espacio público, el proyecto debe prever mantenimiento, conservación y evolución de los usos. Un parque funciona correctamente cuando sigue respondiendo a las necesidades de sus usuarios después de su inauguración.

Plaza pública arbolada con bancos de diseño, jardineras y zonas de descanso donde varios jóvenes disfrutan de un espacio urbano de convivencia.

Los parques pueden ser mucho más que lugares destinados a una actividad concreta. Bien planificados, se convierten en espacios donde distintas generaciones juegan, descansan, se encuentran, se mantienen activas y comparten ciudad.

Para conseguirlo, es necesario analizar quién utilizará el espacio, conectar adecuadamente los diferentes usos y tener en cuenta accesibilidad, seguridad, confort, mantenimiento y calidad del equipamiento desde las primeras fases del proyecto.

AFAMOUR trabaja para promover buenas prácticas y una visión integral en el diseño de áreas infantiles, deportivas y espacios públicos. Su Guía de Buenas Prácticas está dirigida precisamente a administraciones, técnicos, arquitectos, urbanistas, paisajistas y empresas que participan en su planificación y transformación.

Porque un buen parque no debería preguntarnos qué edad tenemos antes de invitarnos a utilizarlo.